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Reacciones químicas de importancia vital

Se llama metabolismo al conjunto de reacciones químicas que se producen en el interior de los seres vivos para aprovechar energéticamente los alimentos que éstos ingieren. En los humanos, estos procesos derivan finalmente en la disgregación de los nutrientes en moléculas útiles para el organismo: hidratos de carbono, proteínas o aminoácidos y grasas o lípidos.

No existe un único metabolismo, sino tres diferentes. Éstos se corresponden, precisamente, con la transformación de los hidratos de carbono, las proteínas y las grasas, elementos que constituyen la energía que consumen las células del organismo. Pese a responder cada uno de estos procesos a reacciones propias, están estrechamente interrelacionados. Tanto es así, que una tara en uno de ellos deriva en el malfuncionamiento del conjunto y, por ende, en la proliferación de patologías diversas, como ciertos tipos de diabetes, la obesidad o el incremento de colesterol en el organismo.

Pese a su diversidad biológica, los tres confluyen finalmente en el denominado Ciclo de Krebs. Éste es el punto en el que se desprende el combustible que requiere cualquier ser vivo para cumplir con sus funciones vitales. La combustión de las tres moléculas, según las necesidades de cada momento, facilita las calorías para el mantenimiento constante de la actividad vital. Gracias a ello, las personas pueden respirar, pensar, ver o moverse, entre otras muchas funciones.

Lógicamente, la vida requiere que los procesos metabólicos se desarrollen de forma constante. Éstos son el sistema de recarga de la energía que se consume de forma permanente, incluso cuando el organismo está en reposo o durmiendo. Y es que las células del aparato digestivo, del corazón, o de los músculos, por citar sólo algunas, necesitan combustible permanentemente. De ahí que los procesos químicos internos no guarden una relación causa-efecto con la ingesta de comida. En realidad, el cuerpo humano no necesita comer constantemente, ya que, después de la digestión, el organismo sólo utiliza una pequeña parte de los combustibles. El resto se guarda como reserva en diferentes órganos y tejidos de nuestro cuerpo, como en los músculos.

El primer metabolismo que se pone en marcha es el de los hidratos de carbono. Una vez que los alimentos han pasado por los procesos de masticación y de acción enzimática, se transforman y despedazan en el aparato digestivo. Ya disgregados en moléculas, son absorbidos en el intestino delgado por la sangre que los transporta hasta el hígado. Allí tiene lugar la mayoría de los procesos metabólicos. El producto final de la transformación de los hidratos es la glucosa, base sobre la que se cimientan las reacciones de las proteínas y las grasas. Estas últimas moléculas tienen una importancia capital, ya que muchas de ellas, las conocidas como esenciales, sólo se obtienen de forma exógena, es decir, a través de los alimentos. La combustión de ambas es más compleja y necesita de un mayor volumen de energía para sintetizarse.

La glucosa puede quemarse para producir energía o ser almacenada en forma de grasa en el cuerpo. Si el metabolismo funciona correctamente es más que probable que ésta se queme y no se guarde en el organismo. En el caso contrario, aunque se haya ingerido poca cantidad de alimentos, el proceso concluirá con la acumulación de grasa, y un bajo nivel de energía.

¿De qué depende la eficiencia del metabolismo?

En principio, todas las reacciones bioquímicas que se producen en el interior de un organismo responden a la carga genética del individuo. Estar predispuesto a ciertas disfunciones o a adquirir peso por el mejor aprovechamiento de las grasas, por ejemplo, no dependen de la voluntad de las personas. Sin embargo, hay que tener en cuenta una serie de factores que también influyen sobre el metabolismo. Son los siguientes:

  • Condición y ejercicio físico: Cuanto mejor es la forma, el organismo consumirá más grasa con la misma actividad.
  • Dieta diaria: Sin hidratos de carbono, por ejemplo, el organismo se queda sin glucosa y no puede metabolizar las grasas.
  • Género: Las mujeres ahorran más glucosa y usan menos proteínas. Es debido a las hormonas.
  • Condiciones climáticas: Esfuerzos en días calurosos provocan un mayor consumo de glucosa.
  • Morfología del individuo.

Además de los mencionados, para entender cómo se dan los procesos metabólicos conviene tener en cuenta la denominada acción dinámica específica de cada alimento ingerido. Es un parámetro que define la cantidad de energía que necesita cada alimento para ser metabolizado. Los mejor aprovechados son los hidratos de carbono, ya que requieren menos energía para su obtención final, aunque también son las moléculas de las que menos reservas hay en el organismo. El caso contrario es el de las proteínas, que son las menos rentables. Las grasas, por su parte, están de forma amplia en los almacenes orgánicos..

A medida que un ser humano crece, su metabolismo disminuye de intensidad. Los procesos químicos se ralentizan porque cada vez necesitan menos energía. Está demostrado que los niños, al estar en pleno proceso de crecimiento, consumen alrededor de 60 kilocalorías por cada kilo de peso, cuando la media de este parámetro en los adultos es de entre 35 ó 40.

Muchas costumbres sociales influyen de manera directa e indirecta en la eficiencia del metabolismo. Las costumbres alimenticias y el sedentarismo, por ejemplo, pueden provocar o agravar dolencias relacionadas con estos procesos. Es evidente que el cuerpo del ser humano responde a una morfología y a una fisiología determinadas, ‘diseñadas’ para la adaptación al medio natural que le vio nacer.



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