Existen muchos tipos de pérdidas (duelos) presentes en nuestras vidas: las provocadas por la muerte de un ser querido, la enfermedad, la discapacidad, las que provocan la pérdida del hogar, de un trabajo, las generadas por los divorcios o separaciones de parejas, pero también de amistades…
El dolor que provoca cualquier pérdida puede verse intensificado por la incomprensión, el sentimiento de culpa o la falta de atención de las personas pertenecientes al entorno social de los afectados, ya sea éste la familia, el puesto de trabajo o la comunidad, haciendo aún mayor la carga de angustia, secretismo o culpabilidad de aquellos cuyo dolor no se permite, se trivializa o no se reconoce.
Todas las personas tenemos que afrontar pérdidas a lo largo de nuestra vida. Cada una de las pérdidas va acompañada de su propio dolor y cada persona vive ese dolor de una manera particular. Por tanto, no todas las personas reaccionan igual ante una pérdida.
El duelo es un proceso normal que se vive ante una pérdida. No se trata de un trastorno o una patología que deba evitarse. Es sano vivir el duelo porque esto permitirá que la persona “digiera” lo que le ha pasado para poder continuar con su vida.
“TODO CAMBIO IMPLICA UNA PÉRDIDA, DEL MISMO MODO QUE CUALQUIER PÉRDIDA ES IMPOSIBLE SIN EL CAMBIO”.
Hablar de las fases del duelo puede conducir al error, ya que da a entender que todos los afectados deben seguir el mismo itinerario en su proceso de duelo. Por eso, aunque los afectados pueden tener procesos comunes, su intensidad y duración puede variar de una pérdida a otra y de un individuo a otro.
¿Cuál es el ciclo del duelo?
- Evitación: dificulta la conciencia plena de una realidad demasiado dolorosa para asumirla. Ejemplo: “esto no me ha pasado“, “no es posible“. Es posible que aparezcan sentimientos de rabia.
- Asimilación: suele ir acompañada de sentimientos de tristeza, vacío, soledad y síntomas depresivos (alteraciones del sueño, el apetito, llanto impredecible, pérdida de motivación, incapacidad para concentrarse en el trabajo o disfrutar…). también es frecuente la ansiedad, la sensación de irrealidad…
- Acomodación: se produce la aceptación resignada de la realidad. La persona empieza a plantearse “¿qué va a ser de mi vida ahora?“. En esta fase no se avanza de manera regular, sino que más bien se dan dos pasos adelante y un paso atrás. Pueden aperecer sentimientos de tristeza y culpa.
¿Cómo puedo adaptarme a la pérdida? Consejos prácticos
- Tomarse en serio las pequeñas pérdidas: p.ej. marcharnos de un casa, un amigo se va a vivir lejos…
- Permitirse sentir: puede ayudarnos escribir nuestra experiencia.
- Encontrar formas sanas de descargar el estrés: actividades, deporte, oración…
- Dar sentido a la pérdida: no hay que intentar no pensar sobre la pérdida, sino todo lo contrario, pensar sobre ella nos ayuda a elaborar una historia de nuestra experiencia con lo que podremos alcanzar una mayor perspectiva.
- Confiar en alguien: familia, pareja, amigos, religiosos o terapeutas pueden acompañarnos en este proceso.
- Dejar de lado la necesidad de controlar a los otros: cada uno tiene su manera de vivir la pérdida.
- Ritualizar la pérdida de un modo que tenga sentido para nosotros.
- No resistirse al cambio.
¿Cómo es el duelo en los niños? ¿Cómo podemos ayudarles?
- Ser completamente honestos con el niñ@: acompañar a un niñ@ en duelo significa NO APARTARLE de la realidad que está viviendo con el pretexto de ahorrarle sufrimiento.
- Aunque resulte doloroso y difícil hablar de la muerte con un niño es mejor hacerlo lo antes posible.
- Explicar cómo ocurrió la muerte. Habrá que adaptar nuestro lenguaje a la edad del niño. Es mejor hacerlo con pocas palabras.
- Si nos preguntan ¿porqué?, les podemos decir que nosotros también nos hacemos estas preguntas o que sencillamente no sabemos la respuesta.
- Importante: decirles con calma que no ha sido culpa suya.
- Para los niños menores de cinco años, la muerte es algo provisional y reversible: será necesario explicarle una y otra vez lo ocurrido y lo que significa la muerte. Los niños de esta edad se toman todo al pie de la letra, por eso es mejor decir “se ha muerto” que ” se ha ido”, “está en el cielo”, “lo hemos perdido” o “se ha quedado dormido para siempre” (pueden desarrollar fobia a dormir)…estas frases pueden crear más confusión, miedo y ansiedad.
- Permitir que participe en los ritos funerarios.
- Animarles a expresar lo que sienten.
En Avalon te acompañamos en este proceso de duelo o te ayudamos a resolver duelos no elaborados del pasado (la pérdida de un familiar, la ruptura con tu pareja…).